
Rita P. Romero Galisteo
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| Presencial
¿Todos los niños se mueven?Cafetería de la Facultad Educación. Boulevard Louis Pasteur, 25. Campus de Teatinos (Málaga) | 9:45 horas
Formación
Estudié en el Colegio Público Nuestra Sra. Del Rosario (Humilladero)
Después estudié Bachillerato y C.O.U. en el Colegio María Inmaculada de Antequera
Más tarde, en 1994, inicié mis estudios universitarios de Fisioterapia en la Universidad de Málaga
Posteriormente me trasladé a trabajar a Madrid y allí estudié varios postgrados en la Universidad de Alcalá de Henares (Fisioterapia Deportiva y Osteopatía). Volví a la Unviersidad de Málaga a iniciar mis estudios de doctorado tras cursar un Máster oficial en investigación en Actividad física y deporte.
Un día en la vida de un científico
Cada mañana empiezo el día mirando el correo. Sí, suena poco emocionante… pero nunca sabes qué te va a tocar. A veces, entre mensajes rutinarios, aparece uno que te cambia el ánimo: una invitación para participar en un evento con jóvenes que quizá, dentro de unos años, estén haciendo ciencia, investigando nuevos tratamientos o ayudando a niños y niñas con problemas neurológicos a moverse mejor y vivir con más autonomía.
Después, tocan las clases en la universidad. Enseño fisioterapia pediátrica a estudiantes de cuarto curso en la Universidad de Málaga. No es solo explicar apuntes: es compartir casos reales, dudas, preguntas y esa sensación de “oye, esto que estoy estudiando sirve de verdad para cambiarle la vida a alguien”.
Pero lo más potente del día llega cuando trabajo con las familias y con los peques que tienen dificultades motoras. Ahí es donde la investigación deja de ser algo abstracto y se convierte en algo muy concreto: probar nuevas terapias, colaborar con otros profesionales, diseñar tratamientos que puedan mejorar su día a día. A veces los avances son pequeños, otras veces enormes, pero cada paso cuenta.
Aprender de estos niños y niñas, de su esfuerzo, de su paciencia, de su manera de enfrentarse a retos que muchos ni imaginamos, te cambia la forma de ver tu propio trabajo. Intentar que se muevan un poco mejor, que ganen independencia, que tengan más oportunidades… hace que el cansancio merezca la pena.
Si te gusta la ciencia, la investigación y, además, quieres que tu trabajo tenga un impacto real en la vida de las personas, este camino puede ser duro, sí, pero también increíblemente gratificante.
Aficiones
Si algo me motiva de verdad es viajar. Llegar a un sitio nuevo, conocer gente que vive allí y probar lo que comen cada día, me encanta. No los “platos típicos para turistas”, sino la comida real, la del día a día. Para mí, viajar es una forma de aprender: descubres otras maneras de vivir, de pensar y de entender el mundo.
Cuando no estoy de un lado para otro, me gusta nadar. Meterme en el agua durante un rato, aunque solo sea media horita, es como pulsar el botón de “reiniciar” del cerebro. No hay móvil, no hay prisas, solo tú, tu respiración y el sonido del agua. Es un espacio para desconectar, ordenar ideas y dejar que la cabeza descanse.
Estas pequeñas cosas, ya sea viajar o nadar, no son lujos: son gasolina para seguir con energía en el día a día. Porque para crear, investigar o aprender cosas nuevas también hace falta parar y darle aire a la mente. A veces, las mejores ideas no nacen frente al ordenador, sino caminando por una ciudad desconocida o flotando en silencio en una piscina.
Centro o departamento
Departamento de Fisioterapia. Facultad Ciencias de la Salud.
Línea de investigación en la que trabaja actualmente
Ahora mismo estamos metidos de lleno en una línea de investigación que puede marcar la diferencia en la vida de niñas con una enfermedad rara llamada síndrome de Rett. Es una patología que afecta casi exclusivamente a niñas y es poco frecuente, tanto en España como en el resto del mundo. Precisamente por eso, investigarla es todo un reto… y también una enorme responsabilidad.
Todo empezó con una tesis doctoral: una neuróloga descubrió que un medicamento, que ya se conocía por otros usos, podría ayudar a estas niñas a moverse mejor y a estar más conectadas con lo que ocurre a su alrededor. Para muchas de ellas, algo que nos parece tan simple como caminar, coordinar movimientos o expresarse, son auténticos desafíos. Imagina lo que puede significar cualquier pequeño avance en su autonomía o en su capacidad de comunicarse.
Y aquí viene una de las grandes lecciones de la investigación: nunca se investiga en solitario. La ciencia es un trabajo en equipo. En este proyecto colaboramos neurólogos, enfermeras, psicólogos y fisioterapeutas. Cada persona aporta una pieza distinta del puzle, y solo juntándolas todas se puede avanzar de verdad.
De hecho, al menos una vez al mes viajo a un hospital de Barcelona, donde acuden niñas y familias de toda España para participar en el estudio. Es ahí donde la investigación deja de ser “datos en una pantalla” y se convierte en personas reales, con nombres, historias y muchas ganas de que la ciencia les dé un poco más de calidad de vida.
Si te planteas dedicarte a investigar, ten claro algo: no es solo laboratorio, artículos y estadísticas. Es trabajo en equipo, viajes, contacto con personas reales… y la sensación de que tu esfuerzo puede traducirse en mejoras concretas para alguien que lo necesita.
