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Fotografía de José Miguel Ramírez Hellín

José Miguel Ramírez Hellín

Genyo

Formación

Grado en Biología, Máster en Inmunología.

Un día en la vida de un científico

Un día en la vida de un científico en oncología molecular suele ser dinámico, combinando el trabajo manual de alta precisión con el análisis intelectual continuo. Aunque no hay dos jornadas idénticas, la rutina de investigación en el laboratorio se estructura de la siguiente manera:

•   09:00 – La revisión y el café científico: El día comienza comprobando el estado de los cultivos celulares y revisando el correo. Se leen las últimas publicaciones científicas internacionales para conocer los avances de otros laboratorios y se planifican minuciosamente los experimentos del día.

•   10:30 – El laboratorio (La «Cocina» de la ciencia): Es el momento de ponerse la bata y los guantes. Se extrae ADN de muestras de pacientes, se preparan reacciones de PCR o se analizan células cancerosas bajo el microscopio para ver cómo reaccionan ante un nuevo fármaco. La precisión milimétrica con las pipetas es clave aquí.

•   14:00 – Análisis de datos frente al ordenador: Tras el almuerzo, el trabajo se traslada a la pantalla. Se procesan los datos numéricos e imágenes obtenidos por la mañana. Se utilizan programas informáticos complejos para buscar patrones o mutaciones genéticas en los biomarcadores.

•   16:00 – Discusión en equipo y redacción: Los investigadores se reúnen para debatir los resultados inesperados (que ocurren a menudo) y rediseñar estrategias. También se dedica tiempo a escribir artículos científicos o proyectos para conseguir financiación.

•   18:00 – Preparación del día siguiente: Se dejan listos los reactivos y las incubadoras programadas para que los experimentos sigan su curso durante la noche.

El día a día de un científico requiere paciencia, frustración tolerada y mucha curiosidad, ya que cada pequeño dato puede acercar al equipo a una nueva cura.

Aficiones

Más allá de la bata: Quién hay detrás de la ciencia

Existe el mito de que los científicos y científicas son personas solitarias que viven encerradas en un laboratorio, obsesionadas las 24 horas con fórmulas complejas. La realidad es completamente diferente. Quienes investigan el cáncer son personas normales, con las mismas aficiones, inquietudes y rutinas que cualquier otra.

La curiosidad y la energía que se necesitan para resolver los misterios de la biología molecular son las mismas que se aplican fuera del trabajo. De hecho, la ciencia es una profesión en equipo donde la comunicación y la empatía son fundamentales, lo que conecta directamente con una vida social activa y variada. Cuando se quitan la bata al final de la jornada, es muy común encontrar a estos profesionales:

•   Practicando deporte: Correr, jugar al fútbol, hacer escalada o ir al gimnasio son formas perfectas para despejar la mente tras horas de concentración mental.

•   Viajando y explorando: La ciencia es internacional. A menudo viajan a congresos en otros países, lo que despierta una gran pasión por conocer nuevas culturas, probar comidas diferentes y hacer rutas por la naturaleza.

•   Disfrutando del ocio: Son amantes de las series de Netflix, los videojuegos, la lectura de novelas de misterio, la música en directo o, simplemente, de salir a tomar algo con sus amigos y su familia los fines de semana.

Tener aficiones creativas y mantener una vida equilibrada no es incompatible con la investigación; al contrario, es lo que permite recargar las pilas para seguir buscando soluciones contra las enfermedades.

Centro o departamento

GENYO-PFIZER Área de Oncología.

Línea de investigación en la que trabaja actualmente

Oncología y Genómica.

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