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Fotografía de José Muñoz Espadero

José Muñoz Espadero

Universidad de Córdoba

Formación

Completé los estudios de primaria y secundaria en el colegio e instituto públicos de mi barrio, donde empezó a picarme la curiosidad por entender cómo funciona el mundo. Posteriormente estudié la Licenciatura en Física (o Licenciatura de Física) en la Universidad de Córdoba, institución en la que también desarrollé mi Doctorado investigando sobre plasmas de microondas. Durante estos estudios tuve la oportunidad de realizar estancias internacionales en la Universidad Masaryk de Brno (República Checa) y el Instituto de Plasmas y Fusión Nuclear de Lisboa (Portugal).

Tras doctorarme, continué mi trayectoria como investigador postdoctoral en la Universidad de Montreal (Canadá) para seguir profundizando en el estudio de los plasmas. Tiempo después regresé a la Universidad de Córdoba, donde actualmente soy Profesor Titular en el área de Física Aplicada del Departamento de Física. Aquí sigo enseñando, investigando… ¡y aprendiendo algo nuevo cada día!

Un día en la vida de un científico

Para mí, dedicarte a la ciencia no va de tener todas las respuestas, sino de hacer las preguntas adecuadas y buscar cómo responderlas. Eso implica planificar experimentos, llevarlos a cabo, analizar los datos, sacar conclusiones… ¡y también equivocarse! Guiado por los aciertos y los errores, vuelves a la carga al día siguiente con nuevas preguntas. Además, te permite mantener contacto y colaborar con personas de distintos lugares del mundo que se hacen las mismas preguntas que tú, lo que lo convierte en una actividad muy enriquecedora.

Pero el trabajo no se queda en el laboratorio: los científicos tenemos la responsabilidad de trasladar todo ese conocimiento a la sociedad. Lo hacemos a través de la docencia —formando a futuros científicos y transmitiéndoles la pasión por aprender— y buscando aplicaciones prácticas a nuestros hallazgos, sin olvidar nunca el valor esencial de la investigación básica —¡no podemos buscar soluciones sin comprender primero cómo funciona la naturaleza! Encontrar una utilidad real a lo que descubrimos y ver crecer a las nuevas generaciones es, sin duda, lo más gratificante de esta profesión.

Todo esto es posible gracias a la financiación pública en ciencia y educación. Es lo que nos permite disponer de instalaciones y equipos adecuados para investigar, dar clases con garantías y ofrecer oportunidades a los jóvenes que empiezan. Apostar por la ciencia pública es garantizar que el conocimiento vuelva siempre a la sociedad en forma de progreso, innovación y mejores oportunidades para todos.

 

Aficiones

Disfrutar de tiempo en familia o con amigos es fundamental, por eso le dedico buena parte de mi tiempo libre. Además, me apasionan el cine, la música —sobre todo la música en directo siempre que puedo— y la lectura. Dentro de los libros me decanto principalmente por el género fantástico y la ciencia ficción, pero también me gusta leer sobre filosofía, política, psicología o sociología.

Tener aficiones, desconectar y cuidar el tiempo libre es lo que nos permite volver al día siguiente al laboratorio con la mente fresca, la creatividad activada y ganas de seguir explorando. Al fin y al cabo, la neurología nos ha enseñado que el cerebro necesita descansar para alcanzar su máximo rendimiento —¡y esto también es ciencia!—. Por eso, a veces las mejores ideas o la solución a un problema en el que llevas días atascado no surgen trabajando, sino mientras lees un buen libro o tras compartir un gran día con la gente que quieres.


Centro o departamento

Toda mi labor docente e investigadora se desarrolla en el Departamento de Física de la Universidad de Córdoba.



Línea de investigación en la que trabaja actualmente

Nuestra investigación combina dos fases que se alimentan mutuamente: una básica y otra aplicada, pero ambas giran en torno al estudio de los plasmas, conocidos como el “cuarto estado de la materia”. Cuando aplicamos energía a un gas de la forma correcta, este se transforma en un plasma lleno de especies química y físicamente muy activas.

  • La parte básica (conocer el plasma): Creamos plasmas aplicando energía de microondas a un flujo de gas. Analizamos la luz que emite el plasma—un método llamado espectroscopía— para descubrir exactamente qué partículas hay dentro y cuánta energía tienen.
  • La parte aplicada (usar el plasma): Una vez que conocemos bien sus propiedades, buscamos cómo aprovecharlo en el mundo real. Con estos plasmas podemos hacer análisis químicos, limpiar y modificar materiales a nivel microscópico o fabricar grafeno y otros nanomateriales, con los que intentamos mejorar las baterías eléctricas que usamos a diario.

Pero a veces el camino funciona al revés: nos planteamos primero un reto práctico —por ejemplo, cómo conseguir que una superficie repela el agua después de tratarla con el plasma— y tenemos que volver al laboratorio a averiguar en qué condiciones tenemos que generar nuestro plasma para conseguir ese objetivo.

En resumen: a veces la ciencia básica nos descubre nuevas aplicaciones, y otras veces son las necesidades prácticas las que nos impulsan a investigar cosas totalmente nuevas.

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