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Fotografía de Macarena Mérida Floriano

Macarena Mérida Floriano

Universidad Pablo de Olavide

Formación

Mis primeros pasos fueron en el colegio Arias Montano, donde me gustaban todas las asignaturas por igual, incluida el recreo. Tras esto entré en el instituto Isbilya, donde cursé tanto la ESO como el bachillerato. Siempre estuve dudando entre las distintas áreas, me gustaba la Física, la Biología y la Historia, me fue difícil elegir. Tras leerme un libro en verano (tres en realidad: la trilogía de La Materia Oscura), y conocer a una profesora (que no se sabía ninguna fórmula de memoria, así que lo iba deduciendo todo en la pizarra aplicando la lógica), tomé una decisión (de la que volví a dudar en selectividad a la hora de escoger carrera). Finalmente me decanté por la Física, carrera que estudié en Sevilla desde el 2012 al 2016.

El mismo año que terminé la carrera comencé a trabajar en el grupo de investigación en el que trabajo actualmente. Estuve un año entero trabajando como apoyo a la investigación, aprendiendo de manera autodidacta sobre Inteligencia Artificial, tema que no había tratado nunca. Al año siguiente, en 2017, cursé el máster de Lógica, Computación e Inteligencia Artificial en la Universidad de Sevilla. En septiembre de 2018 me matriculé en el programa de doctorado en la Universidad Pablo de Olavide, estudios que aún estoy cursando.

Un día en la vida de un científico

Mi día como parte de las profesionales de la ciencia es algo distinto al de una persona que se dedique a la medicina, el campo o que trabaje en una oficina. Llego por la  mañana al laboratorio en bicicleta y me siento frente al ordenador, lo primero es lo primero. Reviso los correos que me hayan podido llegar por si hay alguno interesante (cursos, conferencias internacionales, etc). Tras esto reviso el código que diseñé ayer y vuelvo a convencerme de que está bien hecho. Diseño una primera red y hago un experimento. No me sale a la primera, ni a la segunda ni a la tercera. Hago un descanso para estirar las piernas y me pongo a charlar con mis compañeros por si a alguno se le encendiera la bombilla.

Tras pillar algunas ideas, tenemos una reunión en el grupo de investigación para ponernos al día entre todos. Aquí me entero de cómo van los otros proyectos y los otros robots. Después de esto, me pongo Spotify y vuelvo a sumergirme en el experimento que estaba realizando, a ver si esta vez consigo buenos resultados. Hago algunas modificaciones y finalmente, ¡bingo! Un resultado prometedor. Guardo todos los códigos 10 veces no vaya a ser que se pierda.

Vuelvo a casa para comer, y después de digerir la comida me reengancho al trabajo. En esta ocasión me pongo a escribirle una carta al investigador de Reino Unido con el que me voy a ir de estancia durante cuatro meses. Lo mejor sin duda de este trabajo: los viajes a conferencias internacionales y las colaboraciones con gente de distintos sitios.

Después de leer algunos artículos de mi área para enterarme de qué está haciendo el resto del mundo, es hora de descansar para mañana.

Sin duda algunos días son frustrantes, esto no es un trabajo mecánico, hay que pensar, rebanarse la cabeza, hacer experimentos y analizar por qué no te ha salido (y también por qué sí). Algunos días no se entiende nada y la cabeza está obtusa, pero también hay días que son todo lo contrario. Por fin las piezas encajas, recuperas aquella idea loca que tuviste, la pruebas y resulta que funciona. La satisfacción de comprobar que funciona algo que has pensado, a lo que le has echado imaginación y tiempo es una gran recompensa. Es un trabajo creativo, de paciencia y perseverancia, de mucha imaginación y también humildad.

Aficiones

Mi gran aficción sin duda es la de viajar de mochilera (aunque suene típica). Mi primer gran viaje fue en 2015 con un Interrail con el que recorrí Europa durante un mes. Tras eso: Bélgica, Alemania, Noruega y Canadá (este último gracias a un artículo científico que presenté en una conferencia).

Me apasiona la naturaleza en general, y estoy buscando siempre rutas que hacer, parajes que conocer y distintos voluntariados. En 2017 estuve dos semanas en Capileira (Granada), reconstruyendo senderos de alta montaña (en el Mulhacén, el pico más alto de la península).

Otra de mis grandes aficiones son las manualidades y reparaciones: intentar hacer muebles, aprender sobre construcción, etc. Ya tengo todos los planos para mi futura furgoneta camperizada. Entre esto también está el construirle juguetes y muebles a mis gatos (me encantan los animales).

Me gusta mucho también leer (libros como La Materia Oscura o La Voz Dormida, o mangas como Fullmetal Alchemist), escuchar música (Twenty One Pilots, Florence and the Machine, Extremoduro, etc) y ver películas y series.

Continuando con las aficiones físicas, también toco en una batucada de mujeres, donde aprendo ritmos de perccusión afro-brasileños.

Centro o departamento

Departamento de informática y deportes de la Universdad Pablo de Olavide.

Línea de investigación en la que trabaja actualmente

Mi primera investigación fue en colaboración con un grupo de biólogos del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (CABD), y nuestro objetivo era conseguir que un micro-dron fuera capaz de volar imitando el vuelo de la mosca de la fruta (Drosophila). Como todos los robots, los drones tienen que ser capaces de localizarse antes de poder moverse de manera autónoma (tienen que responder a la primera pregunta de las tres preguntas importantes). Pero mucho antes que esto, el dron tiene que ser capaz de tener un vuelo estable: ¿cómo va a localizarse si no deja de zarandearse de un lado para otro?

Para poder estabilizarse, los drones utilizan un aparato electrónico que se llama IMU. Este aparato le dice al dron en cada momento cuál es su velocidad angular (la velocidad que tiene un cuerpo en un movimiento circular) en cada uno de los tres ejes espaciales (eje X, eje Y y eje Z). Sin embargo este aparato falla en muchas ocasiones, así que hay que enocntrar una solución que se pueda usar cuando la IMU falle. Para ello nosotros nos fijamos en cómo vuelan las moscas de la fruta: unas moscas blancas muy pequeñas, que hacen piruetas increíbles en el aire. ¿Cómo lo hace un bicho tan pequeño, y cómo lo imitamos? Esa fue la pregunta que respondimos en esta primera investigación.

Después de esto, que ya está cerrado pero sigo trabajando en paralelo para ampliar los resultados, estoy investigando con los datos de un láser 3D (un LiDar), en concreto con uno que va encima de un coche. El coche se va moviendo por distintos sitios y lleva el laser fijo en el techo, junto con otros sensores (como cámaras). Este láser va capturando datos del entorno, haciendo un mapa en 3D de lo que rodea al coche mientras éste se mueve. Al final lo que se obtiene es, por cada instante de tiempo, un mapa hecho con puntos de todo el alrededor, y cada punto guarda la información sobre la distancia desde el coche hasta ese mismo punto. Mi investigación actual trata de estimar cuánto se ha movido el coche y en qué dirección usando para ello tan solo los mapas de puntos 3D que se han ido capturando, comparándolos unos con otros. Para ello quiero utilizar una Red Neuronal Artificial que aprenda ella sola (sin tener que enseñarle directamente yo), lo que supone un gran reto y a la vez un gran avance.