
Marc Ríos Cadenas
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Inteligencia artificial | Presencial
Detectives del cáncer: la IA que busca sus pistas en nuestros genesRectorado de la Universidad Pablo de Olavide | De 10:00h a 11:30h
Formación
Crecí en Badalona, una ciudad al lado de Barcelona, y desde pequeño me encantaba la biología, sobre todo la genética. Me fascinaba que dentro de cada célula hubiera unas «instrucciones» que dicen cómo somos. Por eso estudié el Bachillerato Científico de la Salud en el Colegio Sant Gabriel y después el Grado en Biología en la Universitat Autònoma de Barcelona. Durante la carrera hice prácticas en un laboratorio de genética, donde analizaba cromosomas para ayudar a diagnosticar enfermedades.
Después me vine a Sevilla para estudiar el Máster en Biología Avanzada en la Universidad de Sevilla, especializándome en Biología Evolutiva. Allí estudié cómo han cambiado los genes a nivel poblacional, y participé y publiqué mi primer artículo científico. Fue entonces cuando descubrí dos cosas que me cambiaron el camino: la investigación y la bioinformática, es decir, poder usar ordenadores para entender la biología. Por eso estudié un segundo máster, en Bioinformática y Bioestadística, en la Universitat Oberta de Catalunya.
Actualmente estoy en el tercer año del Doctorado en la Universidad Pablo de Olavide, donde formo parte del SynergIA Laboratory y estoy terminando mi tesis doctoral, en la que uso la ciencia de datos y la supercomputación para encontrar información útil escondida en enormes cantidades de datos biomédicos.
Un día en la vida de un científico
Cada día en el laboratorio es una nueva oportunidad para descubrir algo. Mi jornada empieza temprano: reviso los resultados de los programas que dejé funcionando en el ordenador o analizo datos genéticos para ver si hemos aprendido algo nuevo. Con estos estudios intentamos entender mejor cómo se comportan los genes en distintos tipos de cáncer.
También suelo reunirme con otros investigadores para comentar avances, planificar experimentos y probar nuevas ideas. Es una de las partes que más me gusta, porque la ciencia no se hace a solas: se construye en equipo, y cada opinión puede cambiar el rumbo de una investigación.
Además, durante el doctorado asisto a seminarios de grandes investigadores y hago cursos para seguir formándome como científico. Otra tarea muy importante es escribir la tesis doctoral, un gran libro que recoge todo lo que he investigado y descubierto durante estos años.
Al final del día, siempre intento dejar algo en marcha, porque en la ciencia cada paso, por pequeño que parezca, nos acerca un poco más a entender los secretos de la vida.
Aficiones
Fuera del trabajo, mi gran pasión es el deporte, y sobre todo el baloncesto. Juego desde que tenía tres años, y hoy en día también soy entrenador de equipos de niños y niñas de distintas edades, para contagiarles la pasión que siento por este deporte. Además, el baloncesto me ha enseñado algo que también uso en el laboratorio: los mejores resultados se consiguen en equipo.
También me encanta viajar y conocer otras culturas, lugares y formas de vivir, tanto en otros países como en distintos rincones de España.
Y, aparte de ver otros deportes por la tele, me gusta mucho ver películas y series y pasar tiempo con mis amigos y mi familia.
Tener tantas aficiones me ayuda a mantener el equilibrio entre el trabajo científico y los momentos personales, porque la curiosidad y la creatividad también nacen fuera del laboratorio.
Centro o departamento
Escuela Politécnica Superior de la Universidad Pablo de Olavide.
Línea de investigación en la que trabaja actualmente
Investigo el cáncer usando ordenadores. Nuestro cuerpo funciona gracias a los genes, que son como las instrucciones de una receta. A veces esas instrucciones fallan y las células empiezan a crecer sin control: eso es el cáncer.
Los genes no trabajan solos, sino en equipo. Con el ordenador dibujo «mapas» que muestran qué genes trabajan juntos. Uno de mis descubrimientos es que, en muchos tipos de cáncer,
algunos de esos equipos que en un cuerpo sano siempre juegan juntos se «deshacen». Lo he comprobado con datos de miles de pacientes de distintos estudios, y ver cuánto se ha deshecho ese equipo puede ayudar a los médicos a saber cómo evolucionará la enfermedad.
También uso estos mapas para intentar adivinar qué medicamento funcionará mejor en cada tumor, porque no todos los tratamientos sirven igual para todo el mundo. Aquí hay una trampa: los tumores de distintas partes del cuerpo (pulmón, piel, intestino…) son muy diferentes entre sí, y el ordenador puede despistarse fijándose en de dónde viene el tumor en lugar de en lo que de verdad importa. Por eso hemos creado un método que le quita esa «pista falsa» al ordenador para que se centre en las pistas buenas. Esas pistas se llaman biomarcadores, y es como ser detective, pero buscando entre miles de genes a la vez.
Como son tantísimos datos, uso supercomputadores y tarjetas gráficas, ¡las mismas piezas que hacen que los videojuegos se vean tan bien! Gracias a ellas, análisis que tardarían semanas se hacen en pocas horas.
